Historias del Autobús: Loba Hambrienta

Loba Hambrienta

ND: María?
Se me escapa una pequeña risa al leerlo.
Yo: A ti te dejo que me llames como quieras, aunque suelo responder mejor por el nombre de Loba Hambrienta

PARTE 1

Hoy me ha costado mucho levantarme de la cama, ayer estuve hasta las tres avanzando la propuesta. No sé para que le dije al Señor Gómez que me encargaría yo. ¡Ah sí! Ya lo recuerdo, porque quiero ese maldito ascenso. Claro que a este paso me voy a morir por falta de sueño. Espero que el Señor Gómez se decida pronto, sino voy a tener serios problemas con mis amigos. Llevo varios meses desaparecida y dando largas a los planes que me proponen.

Siento cómo el bolso vibra mientras salgo del Starbucks. Esto es la más parecido a vida social que tengo, darle los buenos días a Fernanda mientras prepara el café. De forma automática saco el teléfono del bolso y miro el número del mensaje. Número desconocido.

ND (Número Desconocido): Me encantó el polvo de ayer ¿repetimos? Ya sabes, sexo salvaje sin compromiso ;D

En cuanto lo leo me atraganto con el café y me pongo a toser como una loca. Cuando consigo reponerme de mi ataque de tos vuelvo a leer el mensaje. “Sexo salvaje sin compromiso” Buff, no sé que es eso desde hace años, desde que comencé en este trabajo. Sin poderlo evitar se me dibuja una sonrisa pilla en el rostro antes de ponerme a teclear:

Yo: Dime cuándo y dónde, y nos vemos allí. Yo llevo el látigo, tú las esposas

Me quedo mirando el móvil a la espera de que llegué la contestación. Pero pasado unos segundos me doy cuenta que no va contestar. Parece que se ha dado cuenta de que se ha equivocado de número. Sin pensar más en ello vuelvo a meter el móvil en el bolso y me pongo de camino a la parada del autobús. Justo cuando llego siento una ligera vibración. Sin prisa saco el teléfono y leo:

ND: María?

Se me escapa una pequeña risa al leerlo.

Yo: A ti te dejo que me llames como quieras, aunque suelo responder mejor por el nombre de Loba Hambrienta

Me quedo mirando la pantalla ansiosa. ¿Continuará escribiendo? ¿O se habrá asustado y borrara el número? Probablemente pasará lo segundo, es lo más normal, yo haría lo segundo si un desconocido se pusiese a mandarme mensajes raros… Bueno vale, estoy aburrida y es lo más divertido que me ha pasado en meses. Pero si no fuese por eso le hubiese mandado un mensaje llamándole pervertido y habría borrado el número. El teléfono vibra en mis manos.

ND: Esta noche a las 22:00 en el centro comercial de la calle principal

“Puag, es un pervertido de verdad” pienso antes de que me vuelva a vibrar el teléfono en la mano.

ND: Mándame una imagen tuya para que te pueda reconocer

Sin pensarlo dos veces busco en internet y le mando la primera foto que encuentro. Unos segundos después tengo respuesta.

ND: Me pone tu entrecejo

En cuanto lo leo me echo a reír. “Por lo menos tiene sentido del humor” pienso conteniendo la risa al ver que la gente de la fila se ha girado para mirarme.

Yo: Gracias, le dedico mucho tiempo para que esté perfecto

ND: Se nota que está cuidado. Me tendrás que contar el secreto para que se lo dé a mi tía

Me vuelvo a reír. No sé por qué estoy haciendo esto, supongo que es por la falta de sueño. Pero no puedo evitar ponerme a escribir:

Yo: Miel y aceite de oliva. Que lo mezcle y lo aplique en abundancia. Así le quedará suave y esponjoso

Tarda un poco en contestar. Cuando la pantalla se ilumina leo con rapidez el mensaje.

ND: Sabes que si pones en el buscador del navegador “mujer fea” tu imagen es la primera en salir? Lo comento porque a lo mejor estás interesada en poner una queja a Google

Yo: Me estás llamando fea?

ND: Yo no, ya te he dicho que me pone tu entrecejo. Creo que te da carácter. Pero Google puede que sí. Si quieres te ayudo con la queja, soy abogado

Yo: Lo pensaré

ND: Haces bien 😉 Lo de esta noche. ¿Sigue en pie?

Yo: Claro!! Allí te veo!!

ND: Perfecto! Te mando una imagen para que me reconozcas

En el momento que recibo la imagen abro los ojos y la boca por la sorpresa. El muy guarro me ha mandado una foto en la que sale desnudo haciendo una obscenidad. Miro a los lados para comprobar que nadie más la ha visto. Me moriría de vergüenza.

ND: Qué te parece?

Estoy a punto de llamarle de todo cuando el autobús para. Guardo el teléfono en el bolso para subir. Es una rutina diaria, así que lo hago de forma automática: saco la tarjeta de transporte, saludo al conductor, la paso por el lector y me encamino a un sitio al fondo del autobús. He notado un par de vibraciones más del móvil pero no le he prestado atención hasta que estoy sentada.

ND: Hola?

ND: Sigues ahí?

Yo: Sí.

ND: Por un momento he pensado que mi cuerpo escultural te había asustado 😉 Entonces, qué te parece?

Al recordar la foto pongo cara de asco.

Yo: Creo que eres un enfermo salido

ND: ???

ND: No te ha gustado? Ya sé que salgo con poca ropa pero no pensé que te afectaría tanto, sólo salgo haciendo pesas

¿De qué está hablando? Miro la pantalla tentada en apagar y dejar esa conversación estúpida que estoy teniendo con un desconocido. Pero al fin y al cabo… no pierdo nada. Vuelvo a la foto y la abro. Aparece desnudo inclinado y tocándose… Me acercó un poco más el móvil par ver mejor la imagen. ¡Mierda! En realidad no está desnudo. Es un efecto óptico, el brazo se confunde con sus partes y la pesa no se ve bien por el fondo. No puedo evitar quedarme sorprendida ante la broma. Cuando levanto la cabeza con una sonrisa en el rostro me doy cuenta de que mi compañero de asiento, un señor de unos sesenta años, me está mirando con desaprobación. Al comprender lo que debe de estar imaginándose la sonrisa de mi cara desaparece. Corriendo cierro la foto. Para no volver a enfrentarme a la mirada del señor me centro en el móvil.

Yo: Bien jugado. Y como extra por tu buena jugada te confesaré que mi compañero de autobús me ha pillado mirando la foto y ahora piensa que soy una salida

Espero la contestación pero parece que está tardando. ¿He puesto algo raro? Releo los mensajes, me parecen bastante inofensivos. Siento la vibración en la mano.

ND: Dime que estás en un autobús público y vas a trabajar…

Al darme cuenta de su miedo me entra un ataque de risa.

Yo: Qué pasa no te gustan las colegialas jovencitas?

ND: Me sentiría fatal si le he mandado esa foto a una niña… A parte de que no quiero ir a la cárcel por pederasta

Estoy tentada de no decirle nada, pero me ha dado pena.

Yo: Tranquilo pase hace mucho los dieciocho. Y sí, voy camino del trabajo en autobús público

Me quedo un rato pensando y al final escribo:

Yo: Y tú?

Me mordisqueo una uña nerviosa. No debería haber escrito eso. Le estoy dando pie a que estoy interesada en seguir charlando y en el fondo no me interesa… ¿o sí? Dejo mis cavilaciones porque he recibido otro mensaje.

ND: En el descanso, desayunando

Frunzo el ceño y hago un mohín con la boca. Si está en el descanso del trabajo un martes a las ocho de la mañana está claro que no es abogado, pero hay otra cosa que me preocupaba más.

Yo: Eso quiere decir que soy la diversión del grupo que está haciendo el descanso?

ND: No, esta vez has tenido suerte. Quería intimidad para hablar con María de sexo húmedo y lujurioso. En lugar de eso estoy hablando con Loba Hambrienta de entrecejos

Me vuelvo a reír.

Yo: Pues visto así no está nada mal el cambio de planes. No hay nada como hablar de entrecejos…

ND: Hablar de sexo húmedo y lujurioso?

Yo: LOL

Yo: Qué ha pasado con lo de abogado?

ND: Me quedé en primero de carrera, las leyes me aburrían, jejeje

Yo: Vaya, eso significa que me he quedado sin abogado ;P Y ahora, a qué te dedicas?

Se vuelve a quedar un rato callado hasta que aparece el globo en la pantalla.

ND: Loba, si quieres más información tendrás que darme algo. ¿Qué tal esa imagen?

“Ni en broma le voy a mandar una imagen mía” pienso, no tengo ni idea de quién es. Además esta conversación está llegando demasiado lejos, se suponía que era una tontería y llevamos ya un buen rato mandándonos SMS.

Yo: Lo siento, nada de imágenes. Si quieres te doy una descripción

ND: Me vale

Yo: Soy rubia, alta, delgada y con ojos azules

ND: Y cómo vas vestida?

Me miro de arriba abajo antes de ponerme a teclear.

Yo: Lo normal para ir a trabajar. Falda y chaqueta gris y zapatos de tacón alto negro. Contento?

ND: Sip, gracias. Ya tengo una idea mucho más clara de cómo eres

Me vuelvo a reír, ¿de verdad piensa que sabe cómo soy por un par de mensajes tontos?

Yo: Ah sí? Y cómo soy?

Parece que la respuesta le está llevando un rato. Cuando alzo la vista me doy cuenta de que la siguiente parada es la mía. He estado tan concentrada en los mensajes que casi me la salto. Tendré que ver la respuesta más tarde. Me levanto y doy al botón de stop. Noto la vibración en bolso y hace que mire con ansia la parada. Quiero saber qué ha puesto, pero el autobús va lleno y casi estoy haciendo malabares para agarrarme como para ponerme a mirar el móvil. El autobús para en un paso de cebra donde están cruzando unos escolares. “Vamos, vamos, moveros” pienso nerviosa. En cuanto el autobús abre las puertas salgo de un salto y me abalanzo sobre el bolso. Tengo un globo rojo de que he recibido un mensaje.

ND: Deduzco que eres una chica entre veinte y treinta años, con sentido del humor, que le gusta ir cómoda con zapatos planos y pantalón, morena, de ojos marrones y probablemente bajita y con curvas. Ah! Y con una mente calenturienta

Mis ojos no dan crédito a lo que están leyendo. Estoy totalmente indignada, así que sin pensarlo le contesto.

Yo: No soy bajita!!

ND: Jejeje, gracias por confirmar el resto de mi descripción. No te preocupes no soy muy exigente, me gustan las morenas 😉

Yo: No soy morena

ND: Castaña?

Aprieto los dientes con rabia. Esto tenía que acabar.

Yo: Lo mejor es que esto lo dejemos aquí. Si quisiera ligar con desconocidos me metería en alguna de esas redes sociales de parejas

ND: Ok, anotado. También estás soltera. Algo más?

“Será gilipollas” pienso irritada.

Yo: Que te den, capullo. Me voy a trabajar

Sin pensarlo más guardo el móvil y me dirijo a la oficina. Me ha enfadado, ¿por qué me ha enfadado? Ha sido una estupidez, sólo ha deducido un par de cosas de mi físico, nada más. Mientras subo al despacho me miro en el espejo. Vale, ha dado en el clavo. No soy una chica despampanante, soy normal. Cuando salgo del ascensor me cruzo con Susan mi compañera de trabajo. Susan es totalmente diferente a mí, es decir, ella sí que es despampanante. Es alta, con un cuerpo descomunal y una cara que toda revista de moda querría, labios carnosos, ojos verdes y melena larga castaña con reflejos dorados. Al lado suyo me siento muy poca cosa, aunque me llevo genial con ella.

El resto del día lo paso liada con los bocetos y la propuesta, así que me olvido totalmente del móvil. Me he tenido que quedar un par de horas más en el trabajo. Después de haber dormido cuatro horas la noche anterior cuando llego a casa caigo rendida en la cama tirando el teléfono en la mesilla de mala forma, eso sí, no me pasa desapercibido el hecho de que tengo dos notificación de que he recibido un par de mensajes. Demasiado cansada para lidiar con sus tonterías lo ignoro y me duermo.

PARTE 2

A las siete de la mañana el despertador de mi móvil está sonando. Me levanto como un zombi. Hasta que no me he dado una buena ducha no consigo ser persona. He estado más tiempo del que debía bajo el agua y ahora me toca salir corriendo. Una vez en la parada de autobús saco el teléfono para ver los mails. Mis ojos se desplazan al icono de SMS. Ayer cuando llegué a casa vi que había recibido un par de mensajes suyos pero los ignoré. Me muerdo el labio dudando. Al final con un suspiro doy al icono.

ND: Eso significa que no nos vamos a ver está noche a las 10?

ND: Llevo un rato esperando a que me contestes, supongo que es el fin de está conversación. Pero un trato es un trato, así que allá va… soy bombero. Y eso me recuerda que si pienso que existe una urgencia puedo pedir a la empresa telefónica los datos personales de un número. Hablamos Loba ;D

Eso es… es… Estoy tan enfadada que hasta me tiemblan las manos. ¿Cómo se atreve? Sin pensarlo comienzo a escribir de forma rápida.

Yo: Eso es ilegal y acoso!! Como se te ocurra hacer algo así te pongo un pleito que te encierran de por vida. Tengo un amigo que trabaja en esto, así que más vale que no hagas ninguna estupidez. Tengo los textos que lo demuestran

Una vez he enviado el mensaje me doy cuenta que tengo el pulso y la respiración acelerada. Ahora mi cuerpo tiembla pero por otro motivo y un miedo atroz me empieza a invadir. ¿Qué he hecho? Sólo era un juego tonto de unos mensajes que se han convertido en algo que me da mucho miedo. Cuando el teléfono vibra en mis manos casi se me cae el teléfono.

ND: Buenos días a ti también Loba. Siento el último mensaje que te envié, sólo era un broma tonta. No pretendía asustarte

¿Una broma? Vaya gilipollas.

Yo: Jajaja, me parto de la risa (irónico no ha tenido ni puta gracia y pienso que eres un gilipollas). Quiero que dejes de enviarme mensajes y borres mi número

Miro con atención la pantalla esperando el siguiente mensaje pero no aparece ningún mensaje en lugar de eso la pantalla se ilumina y aparece: Número Desconocido. Es él. Una oleada de pánico me envuelve. Tengo ganas de lanzar el teléfono como si quemase, pero en un momento de raciocinio recuerdo que me ha costado una pasta y que todavía lo sigo pagando. Así que intento serenarme y doy al botón de colgar. “¿Lo ves?” pienso “No ha sido para tanto”. Poco después de colgar el teléfono vuelve a vibrar en mis manos. Vuelvo a colgar y acto seguido escribo:

Yo: No me llames

ND: Pues coge el teléfono quiero explicártelo

¿Explicarme el qué? Aquello era ridículo no le conocía de nada, ni siquiera sabía su nombre.

Yo: No tienes que explicarme nada, no te conozco de nada. Sólo sé que eres un tío que echo el otro día un polvo increíble con una tal María. Seguro que eres un pervertido

El autobús acaba de parar y me guardo el móvil en el bolsillo de pantalón. Mientras entro siento cómo me vibra el teléfono. Debería ignorarle. Sé que es lo que debería hacer, pero me puede la curiosidad. Cuando miro el mensaje mi pulso se acelera, no es un mensaje de texto, es un mensaje de voz. Cojo los cascos y los conecto al teléfono. Cuando le doy al play me doy cuenta que estoy más nerviosa de lo que debería.

—Hola —Oigo que dice una voz grave—. Joder esto es lo más raro que he hecho nunca. —Se le escapa un suspiro. Sonrío al darme cuenta que está nervioso—. Lo siento, ¿vale? No pienso buscar tus datos ni nada por el estilo. Es algo ilegal que jamas haría. Sólo era una broma. —Se ríe suavemente—. Sé lo que vas a decir, una broma estúpida y lo es. Pero ayer dije algo que te molesto y creía que ibas a dejar de escribirme y bueno… se me ocurrió esa tontería… Sé que no vale como excusa y que he sido un idiota. —Se queda unos segundos callados—. Me lo pase muy bien hablando contigo y la he cagado. Creo que eres divertida, ingeniosa y con muy buen sentido del humor. Me gustaría seguir escribiéndome contigo.

Cuando termina el mensaje automáticamente le vuelvo a dar a reproducir. Piensa que soy ingeniosa y divertida. Poco a poco una sonrisa va iluminándome la cara. Su tono de voz es bonito, no parece el tono de voz de un acosador, aunque vete tú a saber. Tampoco creo que los acosadores vayan con un letrero gigante diciendo: soy un acosador. Estoy escuchando por tercera vez el mensaje cuando el teléfono me vuelve a vibrar.

ND: Me perdonas?

Me quedo pensando un rato mirando la pantalla. Al final escribo.

Yo: Tengo que pensarlo

ND: Ok

Cuando llego al trabajo estoy hecha un lío. Sé que lo mejor es cortar la relación con el tío de los mensajes. Aquello no va a llevar a nada. ¿Que sabía de él? Que era un pervertido que mandaba mensajes a las chicas con las que se acostaba, que me ha hecho chantaje para seguir escribiéndome y poco más. Vale, me hacía reír y tenía sentido del humor. Pero eso no define a nadie. Y tenía una voz sexi. Pero nada más.

Por suerte tengo tanto trabajo que no pienso más en ello hasta la hora de comer. Me siento con Susan en la cafetería donde solemos comer. Me está hablando de su último ligue, un abogado de prestigio muy importante. Eso hace que vuelva a recordar al desconocido de los mensajes. La cabeza se me va recordando el último mensaje que me mando.

—¿Estás bien? —me pregunta Susan—. Se te ve ausente.

—Sí, lo siento Susan.

Pero en cuanto Susan comienza a hablarme de nuevo vuelvo a estar en Babia.

—Tía, no me estás haciendo ni caso. ¿Qué te pasa?

La miro dudando mientras me muerdo con nerviosismo el labio. Por un lado necesito hablarlo con alguien y Susan la considero mucho más que una compañera de trabajo. Por otro lado no quiero que se dé cuenta de lo patética que es mi vida social. Susan siempre está saliendo de marcha y rodeada de gente y chicos. Es cierto que también le da lo mismo el trabajo, según ella sólo es para pagar las facturas. Su idea es casarse con un hombre rico. Pero decirla que estoy chateando con un extraño por el móvil que se confundió de número, es tan… triste.

—¿Lo vas a desembuchar o vas a seguir ahí dándole vueltas a la comida?

Miro a mi plato intacto. No he comido nada. ¡¡Ah!! Esto no puede seguir así. Cogiendo una bocanada de aire le empiezo a contar toda la historia a Susan. Cuando he terminado de hablar a Susan le brillan los ojos de emoción.

—Es tan romántico —dice con un suspiro. ¿Pero qué dice?

—No es romántico, es un degenerado. ¿Has escuchado algo de lo que te he dicho? Me hizo chantaje. Y me llamo bajita con curvas.

—Vega ya, tampoco es para tanto —contesta poniendo los ojos en blanco—. Te hizo un par de bromas. ¿Puedo escuchar el mensaje que te ha enviado?

—No

—Por favor. —Me mira con ojos de cordero degollado.

—Está bien. —Le paso el teléfono. La observo mientras escucha el mensaje y de nuevo vuelve a aparecer ese brillo en sus ojos.

—Tienes que llamarle —dice decidida una vez que ha terminado el mensaje.

—Ni en broma Susan —le amenazo—. Lo que tengo que hacer es centrarme en el trabajo y eso es lo que voy hacer.

—Eres una aburrida. El ascenso no se va a ir a ninguna parte. ¿Crees qué el Señor Gómez me lo va a dar a mí? Por Dios, si sabe que me da lo mismo el trabajo. Tienes que vivir mientras tanto y esto —dijo levantando el móvil y agitándolo delante de mí—, es vivir. No vas a tener veintinueve años toda la vida. Disfrútala. Desmelénate un poco. Aunque sólo sea para echar un polvo. El chico parece simpático y además es bombero, seguro que tiene un cuerpazo —termina lanzándome una sonrisa de complicidad.

La charla con Susan no me ha ayudado. Susan es así: vive la vida, echa un polvo aquí y otro allá, sale, bebe, se divierte y todas esas cosas. Pero ella nunca ha sabido lo que es tener que dejar aparte tus sueños para ayudar a tu familia. Ella siempre ha podido hacer lo que ha querido. Pero a mí me ha costado mucho llegar hasta aquí y no pienso tirarlo todo por unos cuantos mensajes divertidos.

PARTE 3

Es viernes por la noche. Estoy terminando la propuesta para enviarla al jefe el lunes a primera hora. Va a ser el primer fin de semana libre en mucho tiempo y tengo la intención de pasarlo con mis amigos. Susan me ha invitado está noche a tomar unas cervezas con sus amigos. Lo he descartado porque estoy agotada, pero, por otro lado, no me apetece nada encerrarme en casa. Cuando por fin termino los últimos retoques y lo envío, suspiro aliviada. Una cosa menos. Me estiro para desentumecer los músculos y mis ojos se van al teléfono. No he vuelto a tener noticias de él desde el miércoles. Supongo que ha desistido. Eso es bueno, porque es lo que quería. Aunque he echado de menos sus mensajes matutinos estos días, me entretenían. De forma distraída cojo el teléfono y me voy a los mensajes. Vuelvo a escuchar el mensaje de voz y se me escapa una sonrisa. “¡¡Ah!!” pienso horrorizada, nunca he sido una romanticona y no lo voy a ser ahora. Tengo que salir y distraerme. Cierro los mensajes y llamo a Susan.

Cuando llego al bar, Susan y sus amigos ya han bebido bastante. Así que me aceptan entre abrazos y besos. Los conozco a todos, no es la primera vez que salgo con ellos. Pronto me animo con la primera cerveza. Llevo una eternidad sin beber, así que no es raro que me suba enseguida. Con la segunda estoy hablando animadamente con Tomas. Hemos empezado hablando del trabajo pero no se por qué ahora estoy hablándole del chico de los mensajes. La historia le parece divertida y se la cuenta a Hugo que está a su lado. Y éste me pide escuchar el mensaje. Cuando me lo pide, Ana pregunta qué mensaje y Hugo se lo cuenta de forma rápida. En pocos minutos está todo el grupo alrededor del móvil intentando escuchar el mensaje a pesar del ruido del bar.

—Tienes que llamarle. —Vuelve a insistir Susan una vez termina el mensaje.

—No empieces. No voy a llamarle.

—Pues mándale un mensaje. O mejor, ¡mándale una foto! —Sin darme cuenta Susan me roba el teléfono de las manos y veo cómo hace una especie de selfie. Un suspiro de alivio me sale cuando me enseña la foto que le ha mandado. Está muy borrosa. Se ve a dos chicas de pelo castaño pero entre la oscuridad y lo poco nítida que es la foto no se llega a ver bien sus rasgos. Susan hace un mohín al ver la foto—. Ha quedado fatal. Espera… –dice con un brillo en los ojos que me hace temer lo peor—. ¡Vamos a mandarle un mensaje de voz! —Y sin darme tiempo a arrebatarle el teléfono veo con horror cómo pulsa el botón de grabar.

—¡Susan devuélveme el móvil!

—¡Eeeeh! ¿Hola? —Oigo que dice Susan al micrófono—. ¡Quita! —me espeta intentando evitar que coja el teléfono de sus manos—. Sólo voy a decirle que eres una tía genial. ¡Ah! Y que estás enamoradita de sus mensajes —dice entre risas.

—Eso no es verdad, apaga eso.

—Vale, vale. Ya paro, aunque deberías quedar con él. Es bombero. Seguro que tiene un cuerpazo —dice riendo.

—Quieres apagar eso.

Cuando por fin consigo recuperar el móvil veo con espanto que el mensaje se ha enviado. “Mierda, mierda mierda” pienso mientras me voy al baño a toda aprisa para escuchar el mensaje. Cuando lo escucho me apoyo en la pared horrorizada. Se entiende todo lo que ha dicho Susan, lo de enamoradita y lo del cuerpazo incluido. A ver cómo explico eso. Me tapo la cara con las manos y me deslizo hasta el suelo intentando pensar una excusa. Al rato mi móvil vibra. Miro la pantalla. Tengo un mensaje. Con dedos temblorosos le doy.

ND: LOL

Se me dibuja una sonrisa. Por lo menos no se lo ha tomado a mal.

ND: Pensaba que ya no querías saber nada de mí

Yo: Y no quiero saber nada de ti. Lo que pasa es que tengo una amiga que está muy borracha y dice tonterías

ND: Quién eres la alta o la baja? Espera… no respondas, ya lo sé ;P

¡Ya empezábamos!

Yo: Eres un gilipollas, por eso había dejado de escribirte mensajes

ND: Ya, pero estás enamoradita de mis mensajes XD

¿Cómo? Genial, gracias Susan. Ahora el muy idiota se va a creer que me gusta.

Yo: Perdona, eres un gilipollas arrogante. Me importan un pimiento tus mensajes. Es más, voy a bloquear tu número

Tarda un rato en volver a escribir.

ND: Me suena el logotipo que sale en la foto. ¿Es El Demon?

Me quedo helada leyendo el mensaje. ¿Cómo era posible que conociese el bar? ¿Cómo era posible que estuviese en la misma ciudad? ¿En la misma provincia?

ND: Eres de Alcalá de Henares?

Todo aquello me estaba dando un miedo tremendo. Así que sin dudarlo escribo:

Yo: No. Vivo en Galicia

ND: En qué parte de Galicia?

¿En que parte de Galicia? Yo qué sé.

Yo: En el sur, pegado a Portugal

ND: Eres de La Coruña?

Yo: Sí, soy de La Coruña

ND: Pues tendré que hacerte una visita. Siempre me ha encantado Galicia 🙂

Yo: Claro!

Me relajo cuando veo que la conversación se desvía del lugar dónde vivo. Nunca he sido buena mintiendo.

ND: Entonces, estás con unos amigos tomando algo?

Yo: Sí. Y tú?

ND: También. En un bar que se llama La Mulata. ¿Lo conoces?

Claro que lo conozco, está a apenas diez minutos andando. Pero no me gusta su pregunta.

Yo: Ni idea

Se queda un rato en silencio hasta que por fin vuelvo a recibir un mensaje.

ND: La Coruña no está en el sur de Galicia. Creo que me estás mintiendo y estás en El Demon. Voy para allá

Siento cómo el pánico me invade y sin pensarlo escribo:

Yo: Nooo!!

ND: Jajaja, gracias por confirmarlo. Ahora sí que voy para allá

¡Mierda! ¿Qué acababa de hacer?

Yo: No vengas. No te conozco de nada. Ni siquiera se tu nombre

ND: Me llamo Jorge. Te veo en diez minutos

No puedo encontrarme con él. Ni en broma. Me incorporo de un salto y empiezo a dar vueltas por el baño. Me miro en el espejo y doy un repaso a mi vestimenta. Vaqueros ajustados, camiseta de tirantes y botas. Vamos, normal y corriente, como siempre voy. Me deshago la coleta y rebusco en mi bolso. Sólo tengo una barra de cacao pero aun así me lo aplico en los labios. ¿Pero qué estoy haciendo? Lo que debería hacer es irme de allí. Sí, eso es lo que voy hacer. Cuando salgo del baño barro la estancia con la mirada y un sentimiento de alivio me invade. No sé por qué me ha entrado el pánico, el sitio está a reventar. Aunque se presente es imposible que me encuentre. Sólo tiene una foto borrosa. Me siento con mis amigos y me pido otra cerveza. No me va a fastidiar la noche un idiota. Pero lo cierto es que no me entero de lo que me está contando Ana y mis ojos no paran de irse a la puerta. Cada vez que entra un grupo no puedo evitar darles un repaso.

Cuando el teléfono vuelve a vibrar doy un brinco en el taburete. Miro el móvil.

ND: Ya he llegado. ¿Dónde estás?

Sin poderlo evitar echo un vistazo a la puerta. Hay un grupo de chicos con los abrigos puestos, así que supongo que es su grupo. Les miro uno a uno, pero ninguno parece que esté atento al móvil. Más bien están charlando sin prestar atención a la gente.

Yo: Me he ido a casa

Escribo de forma rápida para alzar la cabeza y volver a mirar al grupo. Ninguno hace muestras de haber recibido un mensajes. El móvil me vuelve a vibrar.

ND: No te creo

Tengo que distraerle para que me escriba y saber quién es. Eso me dará ventaja.

Yo: Pues deberías creerme. Estoy en un taxi camino a casa

ND: Tanto te asusta conocerme?

Yo: No me asusta

Pero lo cierto es que sí que me asustaba. Me asusta haber conectado tanto con una persona por medio de unos cuantos mensajes. Y que además el Universo se hubiese puesto de acuerdo para que fuéramos de la misma ciudad. Pero ahora mismo estoy más pendiente de la gente que de todo eso.

Sigo buscando con la mirada cuando le veo. Sé que es él porque está con el móvil y una sonrisa en la cara. Es alto, moreno, guapo y bastante más joven de lo que me imaginaba. Más joven que yo. ¡Madre mía! Probablemente le sacaba cinco o seis años. No es ni mucho menos mi tipo. Creo que ha llegado el momento de retirarme, tanto con lo de los mensajes como del bar. Estoy cogiendo el abrigo para marcharme cuando el teléfono empieza a vibrar. Me está llamando. Lo cuelgo. Me despido de mis amigos y me voy de camino a la puerta intentando pasar lo más lejos posible de él. Está escribiendo en el móvil cuando siento la vibración.

ND: Cógelo

Yo: No

ND: Por qué no?

Yo: Porque creo que esto ha llegado demasiado lejos y hay que dejarlo

Consigo escribir mientras, a duras penas, voy esquivando a la gente.

ND: Venga! Sólo te estoy pidiendo que nos conozcamos no que tengamos sexo

Sé que mi reacción está siendo exagerada, pero también sé que todo el encanto de esos mensajes se perderá en cuando nos conozcamos. Ya se había perdido. Así que era una tontería seguir con aquello. He conseguido salir del local. Ahora sólo queda poder parar un taxi, algo que no es nada fácil a esas horas. Pero antes tengo que cerrar esa conversación.

Yo: Si me conocieses te desencantarías, así que es mejor que se queden así las cosas

ND: Déjame decidir eso a mí

ND: A menos… que tú te hayas desencanto al verme. Me has visto. ¡Sigues en el local!

Al segundo recibo una llamada suya. Miro dentro del local dónde estaba Jorge. Ya no está. Debe de haberse movido para buscarme dentro del local. Cuelgo. Y miro en la calle para ver si veo un taxi. El teléfono vuelve a vibrar.

—Déjame en paz… —murmuro mientras vuelvo a colgar, pero Jorge no desiste y vuelve a llamar.

—¿No lo vas a coger? —Oigo una voz masculina detrás de mí. He reconocido el tono y sé que es él. Al darme la vuelta me encuentro al chico moreno de pelo corto que me sonríe a la espera de una respuesta.

—No —digo de forma brusca. Antes de que mi cabeza analicé lo que está diciendo empiezan a salir palabras por mi boca—, es un novio pesado. Mejor ignorarle.

Me vuelve a sonreír y vuelve a presionar el botón de llamada. En el acto mi móvil empieza a vibrar y se amplía su sonrisa.

—Hola Loba. —Siento cómo mis mejillas se empiezan a poner rojas cuando veo su gesto divertido—. Soy Jorge.

Me ofrece la mano a modo de saludo. No tiene sentido que sigamos jugando al gato y el ratón, así que le sonrío y la estrecho. Su mano es más grande que la mía y la agarra con firmeza.

—Andrea.

Frunce el ceño y al segundo se le vuelve a dibujar una sonrisa.

—Me gustaba más lo de Loba Hambrienta. Y echo de menos tu entrecejo —No puedo evitar reírme con su comentario.

—Bueno, tú tampoco te pareces en nada al de la foto —digo entre risas. Me sonríe y me mira de una forma dulce. Nunca me abría imaginado que tuviese una mirada tan cálida.

—¿Sabes? Eres tal cual me había imaginado —dice sin borrar la sonrisa—. Y eres bajita.

—¡No soy bajita! Soy normal, mido uno sesenta y tres.

En cuanto escucho su risa me doy cuenta de que me está tomando el pelo.

—Eres un capullo —digo pero lo cierto es que me hace sonreír.

—¿Cómo te puedes enfadar tanto por eso? —pregunta todavía entre risas.

—No sé, supongo que por un estúpido trauma de juventud —digo encogiéndome de hombros.

—¿Te puedo invitar a tomar algo? —pregunta señalando el bar con la cabeza—. Me estoy congelando aquí fuera.

Jorge no es mi tipo, ni mucho menos. Es más joven y, aunque es guapo, no me gusta su estilo. Pero me hace reír y en los pocos minutos que hemos estado bromeando se ha roto la tensión que pensaba que iba a existir al conocernos. Afirmo con la cabeza y nos ponemos de camino al bar.

—Por cierto, ¿qué pasó con María? —pregunto.

—Está visto que a ella no le gustó tanto el polvo porque me dio el número de una tal Loba Hambrienta —dice con una sonrisa pícara mientras abre la puerta del bar para dejarme pasar. Pero a mí se me ha metido algo en la cabeza y me quedo parada mirándolo.

—¿Sabes algo más de María? —Sus ojos se posan en mí.

—Poco más, fue un rollo de una noche. Creo que su nombre completo es María Fernanda. —En seguida me viene la imagen de una chica sonriente y dulce con un café en las manos. Abro los ojos por la sorpresa ¡¡Fernanda!! La chica del Starbucks. Un día le di mi número de teléfono para quedar a tomar algo. Iba a tener unas serias palabras con ella—. ¿Pasas? —me pregunta Jorge.

—Sí, sí, claro.

FIN