En Ayunas

Diem (3)

A ver, Derek es guapo, es uno de los chicos más guapos de la clase. Pero no estoy loquita por él. Por muy agraciada que sea una persona, verla con la cara cubierta de sangre hace que pierda todo su encanto. Derek más bien me asusta, y no por su belleza, sino porque tiene hambre.
Es mi mejor amigo y le… aprecio mucho pero eso no quita la realidad, y es que Derek no es humano, más bien… se alimenta de humanos.

AMY

El silencio de la biblioteca es interrumpido por un sonido similar al de un desagüe desatascándose. Son las nueve de la noche, apenas queda gente a parte de nosotros dos. Levanto la cabeza del libro para contemplar al responsable del ruido. Mi compañero me observa fijamente con sus ojos negros y el ceño fruncido. Está de mal humor.

—Tengo hambre —gruñe mirándome fijamente unos segundos para después darme un repaso sin disimulo. De mis ojos pasa a mis brazos, pecho, se queda un rato más largo en mis muslos y termina en mis pantorrillas para subir de nuevo a mis ojos. Un escalofrío me recorre la espalda.

—Dame diez minutos —murmuro mientras me apresuro a seguir con mi lectura. “Mitad hombre y mitad sátiro” continúo leyendo, “vomitaba torbellinos de llamas y humo… “. Alzo de nuevo la cabeza para observar mejor a Derek. Ahora está devorando a la bibliotecaria con la mirada. “Puede ser” pienso encogiéndome de hombros mientras copio toda la información en mi cuaderno.

—¿Has terminado? —me pregunta de forma ansiosa cuando me ve cerrar el libro.

—Sí.

—Bien —dice incorporándose de un salto—. Tengo que salir de aquí.

Le sigo sin dejar de observarle. Se le ve hecho polvo. Su pelo negro lacio brilla menos de lo normal, está más pálido y además bajo sus ojos tiene un ligero tono morado. Me temo que le estoy llevando al límite y me da bastante miedo lo que puede pasar.

Cuando salimos a la calle el aire fresco de invierno nos golpea la cara obligándome a encogerme dentro del abrigo.

—Vale, ¿qué has descubierto? —pregunta girándose de forma brusca hacia mí. Su movimiento me sobresalta e inconscientemente doy un paso hacia atrás para separarme de él. Derek y yo somos amigos desde principio de curso y desde entonces hemos pasado la mayor parte del tiempo juntos. Más por una imposición suya que por una decisión mía. Su excusa es que se aburre y le parezco divertida. Pero lo cierto es que no lo soy, sólo soy divertida para él y todavía no sé por qué. Aun así intento mantener la distancia y no tocarle, no quiero morir joven.

Arruga ligeramente el entrecejo al ver mi reacción aunque no parece molesto, está acostumbrado a que lo haga.

—Vamos a allí —digo señalando un banco que hay bajo una de las farolas que iluminan el camino a la biblioteca.

Una vez que Derek instala su cuerpo largo y ágil en el banco, me siento en la otra punta.

—Veamos… —digo revisando las notas que he tomado.

—¿Gigante Caco? —Escucho junto a mi oído. Cuando giro la cabeza y encuentro su rostro pálido pegado al mío, mi corazón se desboca y, a pesar de que lo más sensato es alejarme de él, mi cuerpo reacciona como un animal asustado y se queda petrificado en el sitio aguantando la respiración—. Estás bromeando, ¿no?

—Sus penetrantes ojos negros se clavan en mí.

—Bueno… —digo aclarándome la garganta—. Ya hemos descartado todo lo demás, así que queda poco donde elegir. No eres…

Me detengo cuando veo que se acerca una mujer paseando a su perro. Derek sigue pegado a mí leyendo las notas que he tomado, sin dejar de poner caras raras y resoplar de indignación. Es obvio que no se ha dado cuenta de la mujer que nos observa con curiosidad. Mientras pasa junto a nosotros me dedica una sonrisa de complicidad. Sé lo que está viendo, dos adolescentes estudiando juntos. La chica algo intimidada por tener pegado a un chico apuesto y guapo que probablemente le tenga loquita. Nada más lejos de la realidad. A ver, Derek es guapo, es uno de los chicos más guapos de la clase. Pero no estoy loquita por él. Por muy agraciada que sea una persona, verla con la cara cubierta de sangre hace que pierda todo su encanto. Derek más bien me asusta, y no por su belleza, sino porque tiene hambre.

Es mi mejor amigo y le… aprecio mucho pero eso no quita la realidad, y es que Derek no es humano, más bien… se alimenta de humanos.

DEREK

—Eso es una tontería —le digo a Amy mirándola de nuevo—. ¿Para eso hemos estado toda la tarde en la biblioteca? No soy un Gigante Caco. ¿Acaso parezco un gigante?

—Eres bastante alto —dice mientras se separa de mí. Lo intenta hacer de forma disimulada pero es muy obvio. Sé que le pone nerviosa que esté muy cerca. No la culpo, la intenté comer una vez, y si no fuera porque me hace reír probablemente lo intentaría de nuevo. Ni siquiera descarto que pase en algún momento.

—Eso es porque tú eres un retaco —le digo mientras me vuelvo a colocar en mi sitio.

—Soy baja, pero no un retaco —dice con las mejillas ligeramente rosadas por el enfado incorporándose para colocarse delante de mí. Mis ojos vuelven a recorrer su cuerpo. ¿Por qué narices se ha puesto una falda? Aunque lleve medias se le marcan los muslos. Mi tripa vuelve a sonar.

—No hagas eso —dice enfadada.

—¿El qué?

—Mirarme como si fuese un perrito caliente.

—Tengo hambre —digo enfadado. El hambre me pone de mal humor y nunca he pasado tanto hambre como hasta ahora.

—Aguanta un poco más —dice intentando animarme—. ¿Por qué no volvemos a intentar lo de la rata?

La fulmino con la mirada.

—Me comeré la rata cuando tú te comas la cucaracha.

—¡Eso no es justo Derek! Tú eres el que tiene un problema con los humanos.

Bufo al escuchar su acusación.

—Yo no tengo ningún problema con los humanos. Eres tú la que lleva mal que coma humanos. Yo jamás he tenido un problema con eso —digo sin poder evitar escapar una leve sonrisa. Me sigue mirando con sus grandes ojos azules y la boca abierta sin saber qué decir. Amy tiene cara de duende y una melena lisa y rubia. Para cualquier chico normal, Amy sería una chica atractiva, pero yo no soy un chico normal. Realmente no sé que soy, pero lo que tengo claro es que no soy humano. Así que me es imposible tener las mismas percepciones o sentimientos que ellos. No creo que ninguna persona vea atractivo un pollo o una lechuga. A mí me pasa lo mismo, los humanos son comida.

—Está bien —dice de forma decidida con los brazos en jarra. La miró sin entender a qué se refiere—. Me comeré esa maldita cucaracha y tú la rata. —Levanto una ceja con incredulidad.

—¿Estás segura?

—Claro, además estoy vacunada de todo. Así que no creo que me pase nada.

—Pues vamos a ello —le digo incorporándome para dirigirnos a la escuela. No pienso comer una maldita rata, es algo asqueroso, pero no quiero perderme ver a Amy comiendo una cucaracha.

AMY

Durante todo el camino al instituto me he estado mentalizando. En muchos países comen insectos y no les pasa nada, es algo normal. ¿Por qué no voy a poder hacerlo yo? Y más aún si es por una buena causa. Sé que Derek se está esforzando por cambiar. Lleva más de una semana sin comer ninguna persona porque se lo he pedido. Lo hice cuando mi conciencia no pudo más. A cambio he estado buscando una forma de que se alimente sin tener que matar. De momento ninguna ha tenido éxito pero no me voy a dar por vencida.

Cuando aparco el coche enfrente de la escuela comienzo a sentirme nerviosa. El edificio está vacío y oscuro. Derek baja del coche y camina en dirección a la valla. Al notar que no le acompaño se para y me mira.

—¿No me digas que te has rajado? —pregunta metiendo las manos en los bolsillos del pantalón y mostrando una mueca siniestra en su boca. No es la primera vez que estoy a solas con él, prácticamente se cuela todas las noches en mi habitación. Creo que lo hace porque se siente solo. La diferencia es que en mi cuarto junto a las cortinas amarillas y los osos de peluche, Derek no parece tan amenazador como en medio del parking iluminado sólo por la luna. Con esa luz sí que parece de otro mundo más peligroso e inquietante. Respiro un par de veces para coger fuerzas.

—No —digo de forma apresurada mientras salgo del coche.

Una vez junto a la valla veo cómo Derek salta de forma ágil al otro lado. Sólo cuando hace este tipo de cosas o sonríe, me doy cuenta de que no es humano. Al andar apenas se aprecia, pero al hacer alguna actividad más atlética se puede ver claramente que sus movimientos son más parecidos a los de un animal.

—Te toca —dice desde el otro lado.

Contemplo la valla con detenimiento. Nunca he sido una chica muy deportista y los cuatro metros de barras de acero terminadas en punta que se alzan frente a mí, no me inspiran mucha seguridad.

—¿No hay otra forma de entrar? —pregunto sin dejar de observar la valla.

—No lo sé, siempre he entrado así. ¿Por qué no lo intentas? Si no puedes buscamos otra forma.

Frunzo el ceño con desconfianza. Tengo la sensación de que le divierte más de lo que parece, pero tampoco pasa nada por intentarlo ¿no?

DEREK

Lleva apenas la mitad cuando la empiezo a oír resoplar. No he visto una especie más patosa que el ser humano. Sigo observando sus movimientos lentos cuando de repente se para. Está cogiendo aire. ”¡Dios! Esto va a ser eterno” pienso suspirando con impaciencia. Al principio la animé porque creía que sería divertido, ahora veo que va a ser aburrido. Tengo que reconocer que no soy muy paciente. Sin pensarlo dos veces, trepo sin dificultad hasta ponerme a su altura.

—Venga humana, no tenemos toda la noche. —Cuando veo su gesto de pánico en los ojos, frunzo el ceño—. ¿Qué te pasa?

—Me tiritan los brazos. No puedo seguir subiendo y tampoco bajar —dice con tono angustiado. Miro hacia abajo para calcular la distancia.

—Sólo son dos metros. —Cuando me fulmina con la mirada entiendo que no está bromeando. Sacudo la cabeza con resignación antes de soltarme de la valla para caer de forma ágil en el suelo—. Venga Amy, suéltate. Yo te cojo

—No —dice negando con la cabeza. Vale, parece que me lo va a poner difícil.

—No sé si te lo he comentado pero hay un nuevo guardia de seguridad. Lleva trabajando una semana, creo que el castigo… —No me da tiempo a acabar la frase cuando Amy aterriza en mis brazos. Se apretuja contra mi pecho temblando como si fuera un cachorrillo asustado —. ¿A que no ha sido tan horrible? —le pregunto susurrado. Cuando levanta la vista y observa mi sonrisa pega un brinco huyendo de mis brazos. Sé lo que le ha asustado tanto, han sido mis colmillos. Pero aun así no he podido evitar la sensación de malestar ante su rechazo—. Vamos —digo molesto.

Después de estar media hora recorriendo los alrededores de la escuela para dar con un sitio accesible para Amy, conseguimos entrar en las instalaciones. Es curioso, porque durante estos meses nunca había visto tan asustadiza a Amy como hoy. No es que hagamos grandes cosas juntos. La voy a visitar a su casa casi todas las noches, lo hago porque sé que le fastidia, creo que se avergüenza de su habitación o algo así. Además de que me aburro. Amy es la única persona que sabe cómo es mi naturaleza, así que no tengo que fingir delante de ella y puedo hablar con naturalidad. Creo que a veces eso la pone nerviosa porque hace una semana y media me rogó que dejara de comer personas. Es posible que me haya excedido estos meses dándole detalles de mis salidas de caza. No soy muy sensible a los ruegos, suplicas y llantos, los he oído demasiadas veces para que me afecten, pero me pillo un día de buen humor y después de comer. Si ahora mismo Amy se pusiera de rodillas llorando a moco tendido para que no me comiese a nadie la mandaría al infierno. Aún así no me gusta romper mis promesas.

Echo un vistazo hacia atrás para ver si me sigue. Se ha quedado rezagada otra vez. Suspiro desesperado y hago el mismo recorrido de hace unos segundos en dirección contraria.
Me encuentro a Amy hecha un ovillo detrás de unas taquillas.

—¿Qué haces?

—¡¡Shhh!! —dice haciendo un gesto de silencio con el dedo e indicándome que me acuclille a su lado—. Hay alguien ahí.

—¿De verdad? —pregunto excitado.

AMY

En cuanto escucho la pregunta tan animada de Derek un temor me invade.

—¡No! —digo al ver el brillo de ilusión en sus ojos. De forma instintiva le agarro del brazo para evitar que se levante. A pesar de que es invierno Derek sigue vistiendo camisetas de manga corta. Un cosquilleo me recorre la mano al sentir su piel cálida. Mira mi mano unos segundos antes de volver a fijar sus ojos en los míos. Están oscuros y es peligroso. En un acto reflejo retiro la mano. Creo que hoy me estoy pasando con el contacto—. Vamos a probar con la rata y si no funciona dejo de insistirte.

—Y tú te comes la cucaracha.

—Y yo me como la cucaracha.

—De acuerdo —dice relajando su expresión e incorporándose para reanudar su camino. Le sigo de forma apresurada deseosa de alejarnos lo máximo posible de quien quiera que esté en el almacén.
Durante nuestro camino al laboratorio no puedo dejar de pensar en lo que le he dicho a Derek. No quiero que vuelva a comer personas y si lo de la rata no funciona me veré forzada a dejarle de insistir. Y eso significa más muertes en mi conciencia.

—Oye Derek —le digo mientras recorremos el pasillo—. Si lo de la rata no funciona… ¿Por qué no tratas de probar con animales más grandes? Como los vampiros esos… de Crepúsculo.

—¿Por qué iba a comer animales? —dice mirándome como si estuviera diciendo la cosa más rara del mundo.

—Por no comer a personas inocentes. —Levanta las cejas con cara de sorpresa.

—Tú te comes a terneros inocentes y no parece preocuparte demasiado. —Me paro de golpe y le miro indignada.

—¡Eso es diferente! —me quejo. Él se detiene delante de mí y me mira con una sonrisa de suficiencia.

—¿Por qué?

—Porque… porque… han nacido para eso.

Pone los ojos en blancos y sigue su camino.

—No creo que ellos opinen lo mismo. En el fondo lo que eres es una hipócrita.

—¡No es verdad! —digo indignada mientras acelero el paso para ponerme a su altura.

—Eres igual que yo pero te piensas que eres mejor —dice con tono molesto. ¿A qué venía eso? Por supuesto que soy mejor que él. Él es una especie de monstruo que come humanos. Pero no me parece el mejor momento para echárselo en cara.

—Claro que no pienso que soy mejor que tú —murmuro sin mucha seguridad. Derek entrecierra los ojos sin creerse ni una palabra de las que acaba de salir de mi boca.

—¿Hace falta que te recuerde lo que paso cuando nos conocimos? —pregunta alzando un dedo en mi dirección mientras se acerca. Me considero una buena persona, no es que sea la Madre Teresa de Calcuta, pero intento hacer lo correcto. O por lo menos lo intentaba hasta que conocí a Derek. Él ha conseguido que tenga un sitio reservado en el Infierno desde el día que casi me come.

—Eso fue un acto reflejo de supervivencia. Soy humana… —murmuro mientras retrocedo para alejarme de él. Cuando mi espalda choca con las ventanas del pasillo el dedo de Derek se apoya en mi pecho que sube y baja de forma acelerada. Sus ojos negros echan chispas. Nunca le he visto tan enfadado. Supongo que el hecho de llevar tantos días sin comer hace que esté más susceptible.

—Me ofreciste a tu hermano pequeño de aperitivo —sisea a unos centímetros de mi cara. Trago saliva intentando aguantar su mirada. Al final le sale una sonrisa pícara mostrando uno de sus colmillos—. Y eso os salvo. Me hizo gracia.

Se aleja de mí y continúa caminando tranquilamente. Me tiemblan las piernas y tengo el corazón a mil por hora. Todo esto ha sido una mala idea. Sigo prefiriendo nuestros encuentros en casa, me hacen sentir más segura aunque es bastante posible que no sea así. Terminaré con esto y a partir de hoy sólo le propondré hacer cosas de día y con mucha gente alrededor. Aún así lo que ha dicho Derek me ha calado porque en el fondo tiene razón, soy un monstruo igual que él.

—¿Vienes o te vas a quedar ahí?

DEREK

Está blanca como el papel. Es posible que me haya extralimitado un poquito, pero me ha hecho enfadar. ¿Cómo se atreve a pensar que es mejor que yo? Es una humana. Es débil, es vulnerable y se guía por sentimentalismos. Pero Amy además no tiene ética cuando se ve en un aprieto y eso me hace gracia. Toda su postura de Santa se va a la mierda cuando le enseño un colmillo. Aun así hace todos los esfuerzos por intentar corregirlo. Como cuando paso lo de su hermano, después de ofrecérmelo se dio cuenta de la barbaridad que acababa de hacer y se puso delante de él para protegerle. Pero ya había puesto al descubierto su verdadero yo. Desde entonces la chantajeé para que fuera lo que ella llama amiga. Yo en realidad la considero más como mi mascota, me divierte.

 

—Toma —digo poniendo frente a su cara una cucaracha que he encontrado husmeando en el pienso de los animales.

—Está viva —dice con cara de asco mientras observa cómo el bicho trata de librarse de mis dedos.

—Claro.

—No me voy a comer una cucaracha viva. Tú no te vas a comer la rata viva.

—Sí que me voy a comer la rata viva, yo no necesito cocinar los alimentos como los humanos —digo con superioridad.

—Pues yo no voy a comerme una cucaracha viva.

—Hemos hecho un trato —digo mirándola con cara de pocos amigos.

—Vale… Pero tú primero.

—No, esto ha sido idea tuya —digo volviéndole a poner la cucaracha delante de su rostro. Me mira suplicándome. Pobre humana, debería saber ya que eso no tiene ningún efecto en mí. Aumento mi sonrisa y le vuelvo a mostrar la cucaracha. Al darse cuenta que no va a conseguir que cambie de opinión suspira y extiende la mano para coger al insecto. En cuanto lo poso el insecto sale disparado por su brazo y Amy empieza a gritar como una loca. No puedo evitar que me salga una carcajada al ver el espectáculo que está montando. Pronto la sonrisa me desaparece y todas mis alarmas se encienden. En un segundo estoy junto a Amy cogiéndola de la cintura mientras le tapo la boca para llevarla al armario.

Unos minutos después podemos ver desde el cristal del armario cómo la puerta del laboratorio se abre y la luz de una linterna recorre la sala. Es el guardia de seguridad. La respiración de Amy está acelerada y siento el martillear de su corazón contra mi pecho. Mi nariz se encuentra a pocos centímetros de su cuello. Huele bien, demasiado bien. Mi estómago replica. Se que Amy lo ha notado porque su corazón se ha acelerado más aún y se ha quedado inmóvil como un conejo asustado. En cuanto el guarda vuelve a salir suelto a Amy. Se aleja de mí todo lo que puede en el pequeño espacio del armario. Su expresión es de miedo y no me extraña, se que ahora mismo tengo un aspecto feroz. Tengo mucho hambre. Sin pensarlo paso la lengua por mis colmillos mientras miro la puerta por la que ha salido el guarda. Este estúpido juego de Amy tiene que acabar. En cuanto pongo la mano en el pomo, Amy me sujeta.

—No lo hagas —murmura asustada.

—¿Él o tú? —pregunto dejando clara mi amenaza sin apartar los ojos de ella.

—Él —dice de forma rápida apartando la mano. En el momento se me dibuja una gran sonrisa. Cuando se da cuenta la culpabilidad se refleja en sus ojos—. Digo… no, yo.

—¿Tú? ¿Estás segura? —digo recorriendo la corta distancia que nos separa.

—No.

—¡Decídete Amy! —digo enfadado—. ¿Él o tú?

—Vale, vale —dice agobiada—. Cómele a él.

No puedo evitar acercarme hasta su oído y susurrarle:

—Eres igual que yo.

Sin demorarme más salgo del armario camino a la puerta del laboratorio.

AMY

Sigo a Derek a toda prisa hasta ponerme junto a él. Tengo que hacer algo, no puedo permitir que mate al guarda. ¿Cómo puedo ser tan horrible? Le he dado licencia para que mate a una persona. Mientras observa por el cristal de la puerta para comprobar que el pasillo está vacío tiro de su camiseta.

—¿Qué? —pregunta irritado mirándome de refilón.

—No le mates —susurro en voz baja.

—¿Qué dices? —vuelve a preguntar con cara de desconcierto.

—Que no le mates. Seguro que tiene familia. Cómete un pierna.

—¿Prefieres que le deje agonizando? —pregunta con cara de horror—. ¿Qué quieres que me vaya comiendo una pierna mientras él grita? —Hace un gesto de asco—. Eso es muy sádico.

Me quedo meditando lo que acaba de comentar mientras el sigue poniendo cara de asco. Después de unos segundos afirmo de forma segura:

—Creo que él lo preferirá a morir.

Derek sacude la cabeza de un lado a otro.

—Amy, estás enferma. Lo más probable es que después se muera desangrado. Ahora quédate aquí hasta que yo vuelva.

Abre la puerta y sale al pasillo de forma sigilosa. Ignorando su orden le sigo. Como es más rápido que yo no vuelvo a alcanzarlo hasta que está acechando a su víctima.

—Vale —susurro junto a él—. ¿Y que te parece si haces lo de Dexter?

Suspira algo desesperado.

—¿Quién es Dexter?

—El de la serie del asesino que quiere ser bueno y mata a otros asesinos. Mata a gente mala. ¿Por qué no haces tú lo mismo? Cómete a gente mala.

—¿Qué te gusta más la carne orgánica de animales felices o la carne de animales infelices?

—La de los infelices —digo de forma rápida.

—Buen intento Amy —dice poniendo su mano en mi cabeza y despeinándome. ¡Oh mierda! ¿Por qué nada funciona con él? No quiero volverlo a ver comiéndose a alguien, es muy desagradable y asqueroso. De repente una idea se me pasa por la cabeza. Me vuelvo acercar a él que sigue observando a el guardia que ahora está enfocando con su linterna una de las aulas del segundo piso.

—¿Y qué te parece comerte a gente feliz pero ya muerta? —me mira confundido.

—¿Eso existe?

—Claro la gente de la morgue. Gente que ya ha muerto. Yo no voy comiéndome a ternerillos vivos —digo esperanzada.

—¿Comerme gente enferma?

Suspiro con frustración.

—Pues te comes sólo a los de los accidentes de coches, para eso es una de las primeras causas de muerte ¿no? —Se queda callado meditándolo. Eso me da esperanzas así que continúo hablando para convencerlo—. Si lo haces te prometo que no vuelvo a comer animales, me volveré vegetariana.

En su cara se dibuja una sonrisa de incredulidad sin dejar de observarme.

—¿Te volverías vegetariana? —La idea parece gustarle bastante.

–¡Claro! —digo sonriéndole.

—Está bien —dice por fin dándose por vencido—, probaré eso de la gente ya muerta.

Me pongo a saltar de alegría y sin pensarlo me lanzo a sus brazos para darle un fuerte abrazo. En seguida noto cómo su cuerpo se pone en tensión.

—Aléjate de mí, humana. —Oigo su amenaza junto a mi oído. Doy un salto hacia atrás mientras farfullo unas disculpas. Sus ojos brillan de la misma manera que cuando estábamos en el armario. Pero pronto su respiración se calma y su mirada vuelve a ser cálida—. Vayamonos a casa —dice volviéndome a despeinar.

Me pongo a su lado sin tocarle y nos vamos caminando tranquilamente en dirección a la salida. Me siento genial, creo que he conseguido algo bueno. Hasta puede que con esto consiga que Derek no vaya al infierno. Aunque lo veo difícil, a saber cuantos años lleva comiendo gente. Aun así me siento satisfecha con mi logro, al final quizás no soy tan monstruo como pienso.

—¿Sabes? —digo en un ataque de felicidad—. Si estuviéramos atrapados te dejaría morderme para que no te murieses de hambre. —Me paro para reflexionar—. ¿Te puedes morir de hambre?

—Me estoy muriendo de hambre —asegura con media sonrisa en su rostro.

—Pues te daría un trocito de mí —digo continuando nuestro camino—. A ver, sólo un poco para que no te mueras.

—¿Así que me darías un trocito de ti? —Vuelven a brillarle los ojos pero no de la misma forma que antes parece divertido y de buen humor. Y no puedo evitar sentir un calor en el pecho.

—Sí, quizá una pequeña parte de mi trasero. ¿Puede morirse uno desangrado por faltarle un trozo de culo? —medito en voz alta. Su risa me devuelve a la realidad y me empiezo a reír con él.

Estamos bajando entre risas cuando escuchamos la orden.

—¡Vosotros dos! ¡Quietos!

En cuanto me giro veo al guardia apuntándonos con un arma. Derek es más rápido que yo y ya está en posición de ataque. No soy la única que se ha dado cuenta por la cara de pánico del guardia. Sé lo que van hacer ambos y tengo que evitarlo como sea. Derek no debe matar a nadie más, me ha costado mucho convencerle para que ahora todo se vaya al garete. Sin pensarlo me lanzo encima suyo para frenarle en el momento que un sonido ensordecedor retumba en el recinto. Noto un fuerte quemazón en el costado y cómo caigo como si fuese un peso muerto encima de Derek.

DEREK

Amy y yo caemos cuatro escalones más abajo sobre la meseta con un golpe seco que me corta unos segundos el aliento. Cuando me doy cuenta de lo que ha pasado el calor de la sangre de Amy empapa mi camiseta.

—¿Amy? ¿Amy? —Muevo suavemente su cuerpo por miedo a hacerla daño. El gemido que sale de su boca me confirma que está viva haciendo que suspire de alivio. La aparto con suavidad pero es como mover un muñeco sin vida. Un montón de sentimientos me invaden. El más fuerte es la angustia, la angustia a perderla. Pero junto a ella también hay rabia, odio y ese hambre voraz por el olor de la sangre.

—Lo siento, lo siento muchísimo. No sé que me ha pasado, me he asustado y se ha disparado el arma —dice el guarda que ahora está junto a nosotros observando el cuerpo de Amy. Siento cómo todo el resto de los sentimientos desaparecen para quedarse la rabia. Aprieto las mandíbulas con fuerza. Ese gusano va a morir.

Estoy apunto de incorporarme y abalanzarme contra el guardia cuando siento la mano de Amy sujetando mi brazo. Cuando giro mi cabeza hacia ella veo que está murmurando. Dejo mi odio aparcado y me acerco a la boca de Amy.

—Cómeme a mí —susurra de forma ronca.

—No —gruño sintiendo un ardor desconocido en mis ojos.

—Derek, por favor. Me voy a morir, cómeme a mí. Déjalo marchar.

—No te vas a morir y no te voy a comer —vuelvo a gruñir de forma ahogada.

No, no pensaba permitir que Amy muriese y, por supuesto, no iba a dejar a ese cabrón con vida.

 

Unos días después…

AMY

La luz intensa del cuarto hace que cierre de nuevo los ojos. Tengo sed, mucha sed. También me duele el costado. Gruño con la esperanza de que alguien me oiga.

—Eh, pequeña… —Es mamá. Vuelvo a intentar abrir los ojos está vez con más éxito—. ¿Cómo te encuentras?

—Sed —consigo graznar.

—Espera, voy avisar al médico.

En la siguiente hora me chequean y mis padres me pone al día de todo lo que ha sucedido.

—¿Dónde está Derek? —pregunto a mis padres cuando han terminado de contarme todo.

—Está en la sala de espera —dice mi madre con una sonrisa de complicidad en el rostro—. Se ha quedado todos estos días aquí.

—¿Podéis decirle que pase?

—Claro —me dan cada uno un beso y se marchan de la habitación.

Pocos minutos después aparece Derek en mi campo de visión. Su aspecto ha empeorado desde la última vez que le vi. Parece más cansado y delgado.

—Tienes un aspecto horrible —le digo con una sonrisa débil.

—Mejor que el tuyo, humana —contesta respondiéndome con otra sonrisa. Nos quedamos en silencio un rato hasta que por fin hablo:

—Me ha dicho mi madre que va haber un juicio contra el guardia por dispararme. —Derek gruñe y aparta la mirada hacia el ventanal. No parece muy contento con eso—. ¿Por qué no le mataste?

Derek se queda mirándome con un gesto de superioridad muy típico de él.

—Porque me lo pediste tú. —No puedo evitar la sonrisa que se me dibuja en el rostro.

—Gracias —consigo murmurar llena de emoción.

—No es nada, pero no te acostumbres. Ha sido un caso especial, te estabas muriendo —dice serio.

—Claro —digo apartando una lágrima que se me ha escapado.

Luego empezamos a hablar de cosas tontas. Derek me insiste en que tengo que comerme una cucaracha, que se lo debo. Yo me refugio en mi nueva faceta vegetariana, ya no como animales.

—¿Has comido? —le pregunto pasado un rato. En el momento su tripa suena respondiéndome— ¿Cuánto llevas sin comer?

—Dos semanas, un día y… —Levanta su brazo para mirar el reloj—creo que unas ocho horas.

—Woow ¿Seguro qué te mueres si no comes? Porque se te ve bastante bien.

—Seguro —dice muy serio.

—Pues será mejor que te vayas a comer.

Afirma con la cabeza, pero no se mueve del sitio.

—¿Estarás bien? —pregunta por fin. Tiene un gesto diferente en su rostro, parece más vulnerable que cuando le conocí.

—Sí, no te preocupes.

Antes de que abra la puerta le vuelvo a llamar.

—¿Derek?

—Sí, sí —dice con tono resignado—, me voy a la morgue. No voy a comer a ninguna persona viva.

No puedo evitar reírme al oír su tono desganado.

—No era eso lo que te iba a preguntar —digo todavía entre risas.

—Ah… ¿Dime? —pregunta mirándome con esa mirada tan intensa.

—¿Por qué no me comiste?

Me mira con cara de incredulidad.

—Tú tampoco te comerías a tu perro —dice como si fuera lo más normal del mundo.

—¿Qué? —pregunto sin entender nada, pero Derek ya se ha marchado. ¿Qué tiene que ver Toby en todo esto? Poco a poco mi cabeza va atando los cabos sueltos. Cuando todo está claro en mi cabeza mis ojos y mi boca se abren de indignación—. Será cabrón.

DEREK

Estos días han sido raros. No me ha gustado la sensación de perder a Amy y por otra parte me ha confundido lo mucho que se ha molestado en salvarme. Parece que quiere salvarme tanto en lo físico como en lo espiritual. Probablemente si Amy no se hubiese puesto en medio la bala me hubiese dado a mí. Después de tirar su ética tantas veces a la basura por su vida cuando tiene la oportunidad de librarse de lo que le causa tantos remordimientos de conciencia, va y lo salva. Si hubiese muerto los problemas de Amy hubiesen desaparecido de un plumazo. “Pobre humana tonta” pienso sacudiendo la cabeza de un lado a otro mientras veo cómo van descendiendo los números del ascensor, se ha vuelto a dejar llevar por sus sentimientos.

Dos hombres de mediana edad entran en el ascensor discutiendo.

—En serio Peter voy a cerrar esa puta Asociación como sea. Me están jodiendo el negocio. Son sólo animales, pero con esa mierda de naturalistas y protectores de medio ambiente parece como si fuese un asesino. Necesito probar mis productos con animales —dice el que está más cerca de mí.

—No te preocupes Anthony —comenta su compañero dándole unos golpecitos en la espalda para calmarle—. Ya tengo varias soluciones disponibles.

Mis ojos recorren el cuerpo de ambos y de forma inconsciente mi lengua acaricia la punta de los colmillos.
Lo que no entiende Amy es que nunca podrá cambiar lo que soy. Se me dibuja una sonrisa siniestra al pensar en mi cena de esta noche.

FIN