Primeras impresiones con los lectores cero y siendo uno de ellos

Aquí estoy de nuevo, con retraso, pero aquí ando 🙂 Creo que ya os vais acostumbrando a esto, eso no es bueno, nada bueno.

Dejémonos de tonterías que ya me conocéis y cuando empiezo no paro, y quiero escribiros sobre mis avances en la escritura.

Hoy os quiero hablar del lector cero. ¿Por qué? Porque hace unos meses tuve la oportunidad de serlo y que alguien (a parte de mi familia y amigos) lo fuera, y me gustaría dejar aquí mis impresiones sobre ello. Vamos allá.

Para empezar voy a dejar una definición de lo que es un lector cero. El lector cero es la persona que lee tu novela, relato, escrito o lo que sea, antes de hacerla pública. ¡Ah!, y que te dé su opinión al respecto, si no no sirve para nada.

Ha habido mucha polémica sobre si merece la pena o no la figura del lector cero. Sobre esto prefiero no opinar, entre otras cosas porque creo que es algo de cada uno. Ya participaré en otros debates en los que siento que sí que tengo algo que aportar, pero no es éste el caso. De todas formas, me parece muy interesante conocer las opiniones que hay, así que aquí os dejo dos enlaces que recomiendo leer acerca del tema.

Cómo conseguir (y sacar partido) a tus lectores cero de Gabriella Literaria.

Por qué no tengo lectores cero y no creo que sirvan demasiado de Isaac Belmar.

A mí, personalmente, me ha ayudado. Aunque sólo haya sido por el simple hecho de dejar mi novela a alguien que no me conoce, para mí fue un gran paso. Tengo que reconocer que con la novela he sido una cobarde porque me ha costado muchísimo mostrarla.

Como habéis podido notar en la frase anterior, tampoco es que haya tenido cientos de lectores cero, jajajaja, no, sólo ha sido uno fuera del radio familiar. Aunque estoy pensando en incluir a mi marido dentro de este campo porque es la persona más crítica que me ha leído. Puede ser muy duro, pero… una vez que se pasa el escozor y has asumido que eres un escritor del montón y que tu novela tiene fallos como todas, te permite reflexionar. Y mejorar, mejorar mucho. Así que… muchas gracias, amor 🙂 (Nota: tan crítico que me ha hecho reeditar el post :D)

Las preguntas que hice a mis lectores cero las saqué de artículo de Gabriella Literaria (enlazado anteriormente). Recomiendo leerlo porque explica de forma detallada el porqué de cada pregunta y es importante para aprovechar al máximo a tus lectores cero. Aun así, aquí dejo las preguntas que hice:

  • Realiza una pequeña sinopsis de la novela.
  • ¿Qué es lo que más te ha gustado de todo? ¿Y lo que menos?
  • ¿Te has aburrido en algún momento? ¿En qué partes crees que ha decaído tu interés?
  • ¿Has detectado algún fallo o incoherencia en el contenido?
  • ¿Hay algún fallo muy grave a nivel gramatical u ortográfico? (No es necesario que se señale cada errata, que seguro que tendrá un montón, jejeje, tan sólo aquellos errores que está visto que los tengo tan metidos en el cerebro que los repito continuamente)
  • ¿Cuál ha sido tu personaje favorito? ¿Y el que menos te ha gustado?
  • ¿Le regalarías este libro a alguien? ¿A quién?
  • ¿Te recuerda a algún otro autor a quien hayas leído?
  • Otros comentarios u observaciones

Al final tuve dos lectores cero. No han sido muchos, pero suficientes para hacerme una idea.

Una de las cosas más interesantes de mis lectores cero ha sido que ninguno se ajustaba a mi lector tipo.

Mi novela es una distopía juvenil romántica (sí, sí, de esas como Divergente y Los Juegos del Hambre). Uno de mis lectores cero era una escritora de romántica mientras que el otro (mi marido), no lee novelas y no le gusta el género romántico. Podéis imaginar el contraste de opiniones XD Lo que le llamó la atención de la historia a uno no le dijo absolutamente nada al otro y viceversa, ni siquiera se pusieron de acuerdo a la hora de elegir un personaje como favorito, jajaja. Pero lo que más me gustó y, dentro de que ninguno de los dos se movía en el género de la novela, es que en ambos casos me dijeron que la trama les había enganchado. Así que me siento bastante satisfecha con la historia.

Sus puntos de vista me han permitido descubrir cómo ve otra persona mi historia y entender qué escenas, que a mí me parecían claves o claras, no lo eran. Por así decirlo, he podido ver desde otros ojos cómo escribo y eso… me ha hecho aprender mucho sobre mi forma de escribir.

¿Cómo ha sido la experiencia de ser lector cero?

Me ha gustado mucho tener la oportunidad de ser lectora cero. No me ha resultado difícil porque (además de que la novela era de un género que me gusta) desde que he comenzado a escribir me he acostumbrado a analizar lo que leo. Me sale de forma automática, a veces puede ser molesto porque no te metes igual que antes en las historias, pero es muy útil para escribir.

He sido la lectora cero de Gei. Es una escritora de novela romántica enfocada al new adult. Se caracteriza porque sus obras siempre tienen un tema social, algo que hace que tenga un valor añadido. Si os gusta el género la recomiendo, escribe muy bien y las historias son muy buenas. Tiene sus obras en Amazon, dejo los links por si os interesan:

Entonces, me besó

Entonces, me abrazó

¿Cómo conseguí un lector cero?

Vale, esto es lo más complicado. ¿Cómo encontrar alguien que te lea? Ya he comentado en algún que otro post que estoy en Wattpad y que estoy muy contenta con los resultados, bien, pues ahí fue donde encontré mi lector cero.

Wattpad no deja de ser una red social, así que si eres activo haces contactos. Suele ser gente que escribe y lee. Cualidades perfectas para un lector cero.

Ya hablaré con más detalle sobre Wattpad en otro post. ¡Madre mía! Se me están acumulando los post :S

Aunque sea un caos y no actualice con regularidad, voy a intentar publicar el siguiente post antes del verano.

¿Te interesa tener un lector cero? ¿Quieres ser mi lector cero (aviso: novela distópica romántica)? Si es así no dudes en escribirme 😉

¡¡¡Hasta pronto!!!

 

Diana Golay

Un día descubrí que me encantaba escribir. Desde entonces siempre que encuentro tiempo me siento delante del ordenador para intentar plasmar las historias que se me van ocurriendo.

 

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